El valor del storytelling en las estrategias de comunicación: cómo las historias conectan más que los mensajes comerciales

Durante años, las marcas han competido por algo muy concreto: nuestra atención.

Un anuncio, una campaña, un descuento, un nuevo lanzamiento, un mensaje que busca convencernos de elegir una marca sobre otra pero hoy vivimos rodeados de mensajes y cuando todo el mundo está intentando decir algo, tener algo que decir ya no es suficiente.

Las personas no solo reciben cientos de impactos al día. También han aprendido a reconocer cuándo una marca está intentando venderles algo.

Por eso, cada vez resulta más difícil conectar desde el mensaje comercial tradicional.

Una historia, en cambio, puede hacer algo diferente.

Puede conseguir que una persona se detenga no porque le están vendiendo algo, sino porque se reconoce en lo que está escuchando. Las personas no se conectan con marcas. Conectan con historias.

Una marca puede tener un producto extraordinario, una identidad visual impecable y una estrategia de comunicación perfectamente estructurada pero si no tiene algo que contar, difícilmente tendrá algo que recordar.

El storytelling no consiste simplemente en contar historias bonitas. Tampoco significa convertir cada publicación en una narración emocional. Se trata de encontrar aquello que hay detrás de una marca: las decisiones que tomó, los problemas que quiso resolver, las personas que hacen posible lo que hace, los errores que la transformaron, las ideas en las que cree y las razones por las que existe.

Porque detrás de cada producto hay una historia, detrás de cada proyecto también y muchas veces, esa historia tiene más capacidad de conectar que el producto mismo.

Del “mira lo que hacemos” al “mira por qué lo hacemos”

Una comunicación centrada únicamente en el producto suele hablar desde la marca hacia afuera, tenemos esto, ofrecemos esto, somos los mejores en esto, compra esto.

El storytelling cambia la conversación.

En lugar de preguntarse únicamente qué queremos comunicar, empieza por preguntarse:
¿Qué queremos hacer sentir?
¿Qué queremos que las personas comprendan?
¿Qué queremos que recuerden?
¿Con qué parte de esta historia podrían identificarse?

Ahí es donde la comunicación deja de ser únicamente información y empieza a convertirse en vínculo y ese cambio es fundamental para las marcas que quieren construir relaciones de largo plazo con sus audiencias.

Una historia no necesita ser extraordinaria para ser poderosa

A veces pensamos que para contar una buena historia necesitamos una gran campaña, un personaje memorable o una producción cinematográfica.

No necesariamente. Puede estar en una conversación, en el proceso detrás de un producto, en una persona del equipo, en el origen de una decisión, en un cliente que encontró una solución a un problema, en un material que antes era considerado un desperdicio y encontró una nueva posibilidad, en una marca que decidió hacer las cosas de otra manera.

El valor está en encontrar significado en lo que ya existe, por eso el storytelling también puede humanizar a las empresas.

Cuando mostramos los procesos, las personas y las decisiones que hay detrás de una marca, dejamos de verla como una entidad abstracta y comenzamos a entenderla como algo construido por personas. Las personas conectan con personas.

Contar historias también es una forma de construir confianza

Una marca que solo muestra el resultado puede parecer perfecta, una marca que muestra también el camino puede parecer real y en un contexto donde las audiencias son cada vez más sensibles a la publicidad artificial, la autenticidad se vuelve un activo estratégico.

Por eso el storytelling no debería ser un recurso aislado dentro de una campaña. Debería formar parte de la manera en que una marca se comunica.

En MOB creemos en una comunicación capaz de conectar marcas y audiencias desde estrategias con propósito. El storytelling es precisamente una de las herramientas que permite hacer esa conexión más humana y significativa.

Pero contar una historia no significa inventarla

Este punto es importante, el storytelling no consiste en fabricar una personalidad que la marca no tiene.

Si una empresa habla de sostenibilidad, pero sus decisiones no reflejan ese propósito, ninguna historia podrá sostenerlo durante mucho tiempo, si habla de cercanía, pero nunca escucha a sus clientes, el discurso pierde credibilidad, si habla de innovación, pero tiene miedo de cuestionar sus propias formas de hacer las cosas, la narrativa se queda en palabras.

Una buena historia no maquilla una realidad. La hace visible.

Por eso, antes de pensar en cómo contar una historia, las marcas necesitan preguntarse si realmente tienen algo que contar.

Las mejores historias no terminan en la marca, hay una diferencia importante entre una historia que habla sobre una marca y una historia en la que las personas pueden verse reflejadas, porque las personas rara vez quieren formar parte de la historia de una marca, quieren encontrar su propia historia dentro de ella, comunicar no es hablar más, es tener algo que valga la pena escuchar.

En un ecosistema saturado de contenido, quizás el verdadero reto de las marcas ya no sea producir más mensajes, es encontrar mejores historias, historias que tengan algo detrás, que expliquen una decisión, que hagan visible un propósito, que humanicen un proceso, que despierten una emoción, que cuestionen una idea, que nos hagan mirar algo cotidiano desde otro lugar.

Porque un mensaje puede informar durante unos segundos, una historia puede quedarse mucho más tiempo y cuando una marca consigue que alguien recuerde no solamente lo que dijo, sino lo que sintió al escucharlo, la comunicación deja de ser un impacto.

Se convierte en vínculo.

Y ahí es donde una marca empieza a dejar de ser simplemente una marca para convertirse en algo que las personas quieren recordar, compartir y hacer parte de su propia historia.

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